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Moby

Sólo hay diez personas en el planeta dispuestas a escuchar Everything Was Beautiful And Nothing Hurt, el nuevo álbum de Moby. O bueno, cincuenta, corrige el músico en entrevista con The Guardian.

Su afirmación exagerada tiene más que ver con las preguntas que Moby suele hacerse en estos días desde su posición como un artista de 52 años. ¿Para qué hacer un disco?, se pregunta. Y asegura no estar dispuesto a volver a irse de gira. Sí presentarse en vivo –lo hizo recientemente en un evento para recaudar fondos en una escuela ante una audiencia cuya edad promediaba los cuatro años–, pero seguir el ABC de la promoción de un álbum que aspira a volverse masivo es algo que en definitiva ha dejado de entusiasmarle.

“Cuando hago un álbum, me encanta hacerlo y me resulta liberador que casi no haya potencial comercial para él”. Y sí, para alguien que estuvo en la cima, vive en una mansión en Los Ángeles y ha vendido más de 20 millones de discos, la expectativa cambia.

Algo que no ha cambiado al pasar de los años es su pasión en la lucha por los derechos de los animales. La semana pasada (24 de febrero), Moby dijo en su cuenta de Twitter:

“Estoy avergonzado por todos los años que pasé autopublicitándome, y ahora la idea de tratar de vender algo para mi beneficio me hace sentir muy incómodo. Con esto en mente, y también porque los derechos de los animales son el trabajo de mi vida, donaré todas las ganancias –por ventas, reproducciones en streaming, permisos para su uso– de mi álbum a organizaciones en defensa de los animales”.

En ese ánimo de músico semiretirado, Moby publicó en 2016 un libro de memorias, Porcelain, en el que cuenta cómo se abrió paso en la escena de la música electrónica de Nueva York; es un primer relato que concluye poco antes del lanzamiento de Play, el álbum con el que tuvo un éxito descomunal.

Y ahora, cuenta a The Guardian, está preparando un segundo libro en el que hablará de su infancia, repleta de momentos duros: su padre murió a los dos años en un accidente en coche relacionado con el abuso del alcohol y su madre, viviendo en condiciones precarias, enganchada también al alcohol y a las drogas, pasó años por completo ausente en lo emocional para su hijo.

Entre los recuerdos más entrañables de su vida en Nueva York, Moby menciona su amistad con Bowie, quien era su vecino y con quien se fue de gira y compartió encuentros que ahora recuerda con cariño.

“Pasamos vacaciones juntos, hacíamos asados, íbamos juntos al café del barrio. Él me regaló el sombrero que usó en la película The Man Who Fell to Earth y con frecuencia me decía ‘Eres más joven que yo, pero mi pelo es más increíble’. Nunca hubo un segundo en el que estuviera a su lado sin sentir que no merecía estar ahí. Su mente era brillante, extraordinaria, como la de esas personas cuya mente es en verdad asombrosa”, dijo.

Everything Was Beautiful es un álbum melancólico en el que Moby reflexiona sobre las repercusiones de la era Trump. De acuerdo con sus palabras, su sonido es una especie de homenaje al trip hop y se aleja por completo del ánimo festivo de Play. En esta ocasión se adentró en las atmósferas sombrías para reflejar el estado de ánimo y la incertidumbre que prevalecen en su entorno.


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