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El Imperial

Este sábado, en lo que parecía ser una merecida celebración por los 10 años de El Imperial, el icónico lugar de la colonia Roma abrió sus puertas por última vez después de más de 2 mil conciertos. “Ha sido un placer ser parte del soundtrack de la ciudad”, declaró Atto Attie, músico y uno de los dueños del lugar, antes de que su socio Jorge González —mejor conocido como El Chamuco— aclarara que esa noche sería la última del venue que hizo historia en la escena musical de la CDMX.

Cuando surgió El Imperial (en una casona que se había rentado para fiestas y un tiempo fue el bar Piraña), en mayo de 2008, la existencia de un foro en el que se apoyara a la música independiente con audio de calidad no era precisamente la regla, sino la excepción.

Aparte, el look & feel de lugar era superior en su ramo: los candelabros, las cortinas de terciopelo protegiendo el escenario, la riqueza de la barra y el room (como se llamaba a la planta alta del bar, en donde se concentraban quienes buscaban más fiesta que propuestas musicales) auguraban éxito total.

La propuesta funcionó para que el recinto sobreviviera a montones de establecimientos de la Ciudad de México y tener llenos totales hasta su última noche. Durante meses recientes, El Imperial reafirmó su compromiso ciudadano como albergue para familiares y rescatistas de Álvaro Obregón 286 —edificio colapsado tras el sismo del 19 de septiembre de 2017— y tras su cierre se lleva las historias de más de una generación de bandas y DJs del ámbito local, nacional y mundial.

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