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(Photo by Rich Fury/Getty Images)

Apenas un año después de dizque haber terminado, American Idol va a regresar de la tumba. ABC anunció la semana pasada que va a revivir “un clásico de la cultura pop que salió del aire demasiado pronto” porque 15 temporadas nunca son suficientes. Los detalles sobre esta nueva versión son escasos, pero por lo pronto sabemos que es casi seguro que Katy Perry va a estar en el panel de jueces y que Ryan Seacrest está tratando de lograrlo aún cuando usa más sombreros que el presidente.

Por supuesto que es innecesario. Las versiones nuevas casi siempre resultan ser intentos trillados y desesperados por mantener el espíritu original de los programas, y generalmente se les escapan muchos componentes clave que hacían que el show original fuera bueno. Además, la verdad es que a tan poco tiempo de haberse llevado a cabo la “Temporada del Adiós”, cualquier reporte de una nueva versión de American Idol iba a parecer descarado y sólo hay un factor que podría haber justificado hacerlo: que trajeran de vuelta al equipo estelar.

Simon Cowell, Paula Abdul y Randy Jackson fueron los mejores personajes en la televisión durante las etapas iniciales de American Idol. Cada uno tenía una personalidad perfectamente definida: Simon era cruel, siempre con su sonrisita de superioridad; Paula tenía sus viajes de “qué hay en el vaso de Coca” y Randy estaba dotado de una intuición simple. No necesitaban ser nada más. La serie funcionaba porque tenía la química espontánea entre ellos como ancla y comenzó a quebrarse cuando el elenco original se dispersó y aparecieron nuevos jueces. Los experimentos efímeros con Kara DioGuardi y Ellen DeGeneres no funcionaron; les salió peor todavía el chistecito del panel final compuesto por Keith Urban, Harry Connick Jr. y Jennifer Lopez.

Estas tibias temporadas finales tendrían que hacernos pensar cuidadosamente si es una buena idea traer a bordo a Katy Perry y a cualquier otra estrella pop. El acto de malabarismo de Perry entre su #wokeness y sus constantes metidas de pata podría resultar entretenido por momentos, pero al final del día para ella sólo sería un trabajo de medio tiempo. Si se lo juega a la segura, American Idol podría funcionarle como una estrategia de marketing para la segunda parte de su gira Witness. Cuando estás refinando una marca, y tienes el hábito de relanzar esta marca una y otra vez, difícilmente logras hacer televisión emocionante. Pero si es su único trabajo, un juez puede hacer magia como esta semanalmente:

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