Síguenos

Advertisement
Foto: Paul A. Hebert / Invision / AP

Dice el lugar común que el primer gran paso hacia el cambio es la aceptación del problema. Si pensamos en las letras de la música popular mexicana y latinoamericana –con tal de incluir géneros como la salsa, el son o el reggaeton– nos topamos ante uno bastante serio: muchas de ellas están plagadas de un discurso machista y misógino que son expresión directa de nuestra realidad latinoamericana.

Desde “Te vas porque yo quiero que te vayas, a la hora que yo quiera te detengo. Yo sé que mi cariño te hace falta porque quieras o no, yo soy tu dueño” pasando por “ojalá que te mueras, que tu alma se vaya al infierno y que se haga eterno tu llanto, ojalá pagues caro el haberme engañado aun queriéndote tanto” hasta llegar a “Mátalas… con una sobredosis de ternura”.

El patrón es muy claro: el amor posesivo del macho mexicano que sufre por desamor vive en todas esas canciones y se ha legitimado a fuerza de permanencia y repetición.

Pero, volvamos al punto: reconocer el problema sería un primer paso para cambiar de rumbo. O, como se pregunta Estefanía Vela, responsable del área de derechos sexuales y reproductivos del CIDE, en una consulta para El País, “lo mínimo que nos podemos preguntar es cuáles son esas ideas que se están transmitiendo, ¿qué mundo estamos tratando de forjar? En este momento realmente es necesario impulsar otro concepto de amor que no sea uno posesivo”.

Si aspiramos a sociedades igualitarias, la música popular debe regirse por las mismas reglas. No podemos seguir engañándonos con la idea de que las letras de una canción pertenecen a un universo ficticio donde todo es posible.

Es por eso que resulta muy lamentable escuchar a tantos músicos negando ser parte del problema una y otra vez. El último en hacerlo fue Daddy Yankee, quien en una entrevista a EFE, previa al arranque de una serie de conciertos en España, dijo “No soy nada machista. Al contrario, tengo un matrimonio sumamente saludable y, si lo fuera, no habría durado más de un año; la mujer y el hombre son equitativos y tiene que existir un balance de equipo para que funcione”.

¿Hace falta decirlo? No nos interesa la vida privada de Daddy Yankee. Si se le cuestiona al respecto es porque la mayoría de sus canciones son infames con las mujeres.

Revisemos rápidamente sus temas más populares en Tidal: “Le dicen la rompecorazones, falsas ilusiones, no esperes que cambie con el tiempo, menciona su nombre y el diablo se esconde, es como un trofeo para todos los hombres”. Y esta otra, “Shaky, shaky, shaky, shaky, dame una vueltita otra vez, es tan peligrosa con las curvas nitrosas, se cae la casa cuando ella rompe la loza. Ella es otro level cuando me lo mueve”.

Lo peor es que son canciones muy buenas, con un gran beat. Pero bueno, hoy no estamos hablando de eso.

Nuestro desafío hoy es desaprender el machismo. El hecho de que las cosas sean de una manera no significa que no puedan ser de otra. Sí, el machismo más nefasto está presente en la tele, en el cine, en las oficinas, en nuestras casas, en las calles y en la música que escuchamos, pero eso no significa que no podamos erradicarlo.

Evadir el problema como esta vez lo hizo Daddy Yankee o improvisar respuestas nada convincentes sobre el sentido de sus canciones no es la alternativa. Resulta que “Gasolina” “es un tema al que mucha gente le dio su propio significado, pero cuando digo que ‘le gusta la gasolina’, se trata de una mujer a quien le gusta pasarlo bien, una muchacha rebelde que vive por sus propias reglas”, dijo el reggaetonero a EFE.

¡Era una metáfora clarísima! ¡Cómo pudimos malinterpretarla los últimos 14 años!

Algo similar ocurrió cuando el cantante de regional Julión Álvarez dijo en una entrevista que a él le gustaba que las mujeres fueran “muy damitas”, es decir, “que les guste agarrar un trapeador” porque desde su punto de vista, una mujer puede ser muy guapa pero si no tiene “ese detalle”, para él no sirve.

La polémica llegó de inmediato: la entrevista circuló por todas partes y muchos de sus seguidores le reclamaron por haber hecho comentarios tan misóginos. Lo mejor vino un poco después, cuando intentó defenderse en otra entrevista a El Universal.

En esa charla insistió en que no era machista por asegurar que le gustaban las mujeres que sepan hacer tareas domésticas, pues con esto sólo tenía en mente a su probable pareja y no al género en su totalidad. Y claro, son cosas muy diferentes, ¿o no?

Para tranquilidad de todas nosotras, Julión Álvarez respeta a las mujeres que pasan el día trabajando. Pero… Siempre hay un pero: una mujer ideal para él es aquella que esté siempre en casa, dedicada cien por ciento a su servicio y que sepa hacer actividades domésticas. Citando sus palabras: “Me gusta que mi mujer sepa barrer, trapear, planchar y que si tengo pocos días libres me pueda preparar mi caldito”.

La misoginia buena onda no existe, señoras y señores. Necesitamos cambiar nuestra manera de relacionarnos. Somos mucho más que ese cliché de hombres cachondos cuyas canciones sólo pueden hablar de mujeres a quienes les gusta que les den duro y se la coman. Somos mucho más que eso.

Lee: La policía de la corrección política quiere acabar con el reggaeton.

Advertisement