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France Macron Bono

La organización benéfica ONE encabezada por Bono lleva años enfrentando serias acusaciones por parte de un grupo de trabajadores de la oficina de Johannesburgo, Sudáfrica, quienes aseguran haberse visto obligados a laborar en un entorno tóxico en el que la intimidación y el abuso eran la norma, reportó el diario británico Daily Mail.

Pero este fin de semana una investigación realizada por este diario dejó al descubierto una serie de situaciones de acoso laboral que han llevado a una demanda multimillonaria contra la organización.

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Entre las demandantes se encuentra una mujer que asegura haber sido presionada para tener relaciones sexuales con un miembro del parlamento de Tanzania. Al negarse, señaló, la pasaron a un puesto con un salario menor.

Otros de la señalamientos que enfrenta ONE tienen que ver con la contratación ilegal de trabajadores extranjeros con visas de turistas así como las situaciones en que su personal afirma haber sido humillado frente a colegas y en público.

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Horas después de darse a conocer esta información, Bono emitió un comunicado en el que aseguró estar profundamente apenado por la situación, y prometió reunirse con las víctimas para disculparse en persona.

“Mi equipo y yo escuchamos algunas preocupaciones sobre la mala gestión en la oficina de ONE en Johannesburgo, pero nada como lo que ha surgido en días recientes. Me habían asegurado que este asunto estaba resolviéndose, pero claramente las cosas no eran así”.

“Estoy agradecido de que Gayle Smith, la nueva directora ejecutiva de ONE (ex jefe de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), haya tomado medidas rápidas y decisivas para resolver el problema”.

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“Aunque las acusaciones de intimidación se centran en un individuo (Sipho Moyo, una ejecutiva que había estado en el Banco Africano de Desarrollo y en el Banco Mundial), la oficina central no protegió a esos empleados y tengo que asumir la responsabilidad por ello”, señaló.

Las quejas por maltrato contra Sipho Moyo incluyen señalamientos por haber exigido a un miembro del equipo que le masajeara los pies, haber llamado a otra trabajadora –en Sudáfrica– para que arreglaran el aire acondicionado de su habitación –en Seattle–, haber llevado a colegas a fiestas en su casa sólo para ponerlos a trabajar atendiendo a sus invitados.

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Moyo niega las acusaciones de intimidación y asegura que ella misma fue víctima de abuso cuando otros directores la trataban "como a su criada personal" y la maltrataban en público.

Los ex empleados que ahora demandan a la organización han subrayado que ONE había ignorado todas las notificaciones que habían hecho al respecto. Fue hasta que publicaron sus reclamos en redes sociales –en noviembre pasado– cuando los tomaron en cuenta.

La semana pasada los abogados que llevan el caso dieron a conocer el monto de la demanda por daños y perjuicios por abuso emocional, físico y psicológico, el cual asciende a cinco millones de dólares.

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