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FILE - In this Sunday, Aug. 8, 2010, file photo, musician Chris Cornell of Soundgarden performs during the Lollapalooza music festival in Grant Park in Chicago. According to his representative, rocker Chris Cornell, who gained fame as the lead singer of Soundgarden and later Audioslave, has died Wednesday night in Detroit at age 52. (AP Photo/Nam Y. Huh, File)

Los examinadores médicos dictaminaron que Chris Cornell se suicidó. Tenía 52 años de edad. El recuento que ofrecieron los oficiales de policía que llegaron a su cuarto de hotel en Detroit, donde Soundgarden se encontraba de gira, confirma lo anterior; los oficiales le dijeron a la prensa que el cantante había sido encontrado en el baño con una “banda alrededor de su cuello”. Unas horas antes, Cornell terminó su última presentación con Soundgarden cantando las canciones “Rusty Cage” y “Slaves & Bulldozers.” Durante esta última, Cornell añadió el estribillo de la famosa canción de gospel (posteriormente reinterpretada por Led Zeppelin) “In My Time Of Dying”.

La canción de gospel abre de la siguiente manera:

In my time of dying, I want nobody to mourn. All I want for you to do is take my body home. Well, well, well, so I can die easy (A la hora de mi muerte no quiero que nadie sufra. Lo único que quiero es que lleven mi cuerpo a casa. Bien, bien, bien, para que pueda morir fácilmente).

Disfrazada de última petición, esta canción fue el canto del cisne de Cornell, al mismo tiempo hermosa y aterrorizante.

Soundgarden bien podría ser descrito con esas mismas palabras. La banda hace música disonante y hermosamente compleja acompañada por una sensación de terror. Había una grandilocuencia apocalíptica en el cuarteto, en las penetrantes guitarras de Cornell y Kim Thayil impulsadas por el bajo de Ben Shepherd y la batería de Matt Cameron, todos guiados por la poderosa voz de Cornell.

Cuando yo era un preadolescente, encontraba atractivo el balance entre belleza y terror de Soundgarden. Yo descubrí a la banda por accidente, surfeando entre diferentes canales de televisión hasta que llegue a MTV, dónde estaban pasando Beavis and Butt-Head. El capítulo que me tocó ver los mostraba comentando el video musical de “Black Hole Sun”. Sin importar lo aterrorizante que fuera el video, no podía dejar de verlo. Esto no tenía nada que ver con nada que hubiera visto o escuchado antes: la gente se convertía en caricaturas, sus ojos y sus sonrisas eran cada vez más amplias mientras empezaban a ser cubiertas por un agujero negro, la canción crecía y crecía hasta alcanzar su final climático. Por alguna razón, la parte más terrible de este vídeo siempre será la pequeña niña comiendo helado de vainilla mientras su muñeca se quema en una parrilla. Mientras más se quema la muñeca, menos vida tiene la niña y el helado empieza a gotear por los costados de su boca. Al igual que ella yo me encontraba asustado y en trance, consciente de que no debería de estar viendo este video pero curioso de lo que representaba y de cómo me hacía sentir.

No podía poner en contexto a Soundgarden. A mí me educó mi abuela y la única música que sonaba en su casa era funk, soul, R&B y gospel. Siendo una de mis primeras probadas de música secular, descubierta por mí mismo además, Soundgarden resultaba refrescante pero también se sentía prohibido, como si al escucharlos estuviera haciendo algo malo. Esto tenía en parte que ver con la forma en la que fui criado. Mi abuela era y sigue siendo una mujer religiosa, así que uno iba a la iglesia con ella. Escuchaba al pastor hablar sobre Jesús y Dios y cómo el primero era este ser sobrenatural capaz de convertir agua en vino y de curar a la gente simplemente con tocarlos. Esta era la única representación de Jesús que importaba y todo lo demás estaba mal.

Desde luego yo me encontraba sumamente conflictuado por mi creciente admiración por Soundgarden. Cuando vi el video de “Jesus Christ Pose”, me sentí realmente confundido. Las cruces al revés, así como el esqueleto crucificado y la niña que se puede ver en el video, eran imágenes muy diferentes a las que yo había visto en la iglesia. Pero aún en mi incomodidad, seguía viendo el vídeo en mi cuarto, con el dedo en el botón para cambiar de canal del control remoto de la televisión por si acaso mi abuela entraba sin avisar.

Después estuvo “4th Of July” del álbum fundamental de Soundgarden, Superunknown. Esta canción sigue siendo una de mis favoritas de la banda: malhumorada, lenta y pesada, con guitarras discordantes que acompañan al verso, una cosa completamente contrastante con el coro poderoso y escandaloso de la canción. Había una parte específica de la canción que me cautivaba y a la vez perturbaba cuando era más joven:

Down in the hole / Jesus tries to crack a smile / Beneath another shovel load (en el agujero / Jesús trata de sonreír / debajo de otra carga de tierra).

Las letras de Cornell eran provocadoras y evocaban una imagen perturbadora de esta figura bíblica sonriendo, enfrentándose cara a cara con su final. Muchas veces apreté el botón de retroceder para escuchar estas palabras una y otra vez, examinando la forma en la que estas letras eran fraseadas y cantadas. Aún siendo un preadolescente podía distinguir la hermosura poética en las palabras de Cornell, por más que me costara trabajo aceptar la música.

Al volver a escuchar la música de la banda después del fallecimiento de Cornell, me doy cuenta que todavía los admiro por la forma en la que parecían balancear sin ningún esfuerzo de estas dos cualidades, mientras continuaban explorando su sonido. Ahora que tengo 25 años, Soundgarden no me asusta de la misma forma. Mientras que mi persona más joven se asustaba por la provocación y por lo poco familiar que todo me resultaba, mi yo más viejo se asusta por lo genial que es el grupo y por cómo lograron definir y redefinir un sonido y una era.

Y al frente de todo esto estaba Cornell, un hombre cuya voz personificaba todo lo que siempre amaré de Soundgarden: un rugido poderoso, hermoso y terrorífico, una de las voces más extraordinarias que jamás haya escuchado.

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