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Photo by Francois Durand/Getty Images

Chuck Berry falleció recientemente, en su casa, a los 90 años de edad. Para muchos veteranos de la industria musical, su muerte se sintió como la pérdida de una figura paterna. Sin embargo, para muchos fans que conocían la historia del comportamiento predatorio de Berry hacia las mujeres, se sintió como una cascada de preguntas terribles con las que había que lidiar: ¿Cómo reconcilias los logros como artista de tu héroe con sus momentos más bajos como persona? ¿Qué pasa cuando esos momentos bajos están relacionados con mujeres, mujeres que nunca conocerás? Si no estuviste ahí, si no conoces -y nunca conocerás- la historia completa, ¿cómo decides qué creer?

Es indiscutible que Berry es uno de los padres fundadores del rock and roll. Él fue el primer “paquete completo” de estrella del rock: era un intérprete que escribía sus propias canciones; contaba historias sobre rebelión adolescente, romances interraciales y consumismo; e hipnotizaba al público con sus característicos pasos de baile. En términos de estilo, él puso los cimientos del rock and roll al transformar elementos del country y R&B para obtener algo completamente nuevo. Su estilo innovador de tocar guitarra, como resalta Paste Magazine, tomaba elementos de lo que hacían los pianistas de la época y atrajo la atención y apreciación de muchos hacia el instrumento de cuerdas. Keith Richards lo idolatraba. Hay una cita de John Lennon que dice que “Si tratáramos de darle otro nombre al rock and roll, podríamos llamarlo 'Chuck Berry'".

Berry también fue un hombre complicado que hizo muchas cosas desastrosas. En 1961, fue condenado bajo el Mann Act por transportar a una menor de edad a través de las líneas estatales (era una niña de 14 años que conoció a Berry en Texas y viajó con él trabajando como encargada del guardarropa), y estuvo en la cárcel más de un año y medio por ello. Décadas después, varias mujeres acusaron a Berry de espiarlas con cámaras de video instaladas en el baño de un restaurante que él compró en la década de los ochenta. Berry negó haber hecho algo malo, diciendo que estaba tratando de sorprender a una empleada con las manos en la masa robando en el restaurante. Cuando la policía revisó su casa, encontraron videos de mujeres en el baño de su restaurante (incluyendo uno de una menor de edad) junto con una serie de drogas; Berry logró evitar los cargos de abuso sexual contra una menor (que surgieron a partir del video de la menor de edad) al declararse culpable por posesión de drogas.

Antes de que todo esto ocurriera, Berry recibió en 1984 un Grammy por su trayectoria. Es frecuentemente descrito como uno de los mejores y más influyentes músicos de todos los tiempos. Nada de esto, sin embargo, hace que sea más fácil entender los momentos turbios en el pasado de Berry. Desde luego, la moral de una persona no puede medirse llevando la cuenta de sus errores y sus logros. Y Berry no es el primer gran músico que tuvo sexo con una groupie o que se metió en problemas con la ley -y no será el último. El tema de cómo separar el trabajo de un artista de la persona responsable por dicho trabajo (y si debería separarse) ha sido y será tocado una y otra vez, sobre todo a raíz de que el público ha ido volviéndose más consciente socialmente. Hoy en día preferimos comprar cosas locales y con ciertos estándares éticos y, en términos de música y arte, queremos creer que los artistas que amamos y apoyamos también reflejan nuestros valores como consumidores.

El problema es que los artistas no son como pollos de libre pastoreo o jeans éticamente cosidos; parece una obviedad, pero los músicos son seres humanos, susceptibles a equivocarse y comúnmente autocomplacientes, y valdría la pena llevar a cabo el esfuerzo (aunque probablemente sea difícil) de juzgarlos separadamente como artistas y como personas. Esto no quiere decir que no deberíamos hablar de sus historias de formación; las estrellas de rock han cortejado a y abusado de mujeres jóvenes desde hace años -llegando tan lejos, incluso, como para escribir canciones de las adolescentes que se enamoran de ellos (Berry lo hizo). Con demasiada frecuencia, los músicos y los fans desestiman estas relaciones y les restan importancia, refiriéndose a estos incidentes como parte de “otra etapa” o simplemente “de un momento en el pasado”. No lo son.

Las conversaciones en las que examinamos críticamente y nos involucramos con el legado completo de nuestros íconos culturales se vuelven cada vez más importantes, sobre todo mientras empezamos a buscar nuevas respuestas a las viejas preguntas. Llamé al biógrafo de Chuck Berry, Bruce Perry, y le hice algunas de esas preguntas.

TrackRecord: ¿Qué tipo de gente te buscó [después de la muerte de Chuck Berry]? ¿Y de qué querían hablar?

Bruce Perry: Un poquito de todo, en realidad. La primera noticia vino de un periodista de la BBC el sábado. Ahí se dio un panorama general de la vida y carrera del señor Berry. Hablé con The Sun, que es un tabloide de Londres, en la mañana del domingo. Ellos, por supuesto, querían explotar algunas de las partes más escandalosas de la vida del señor Berry. Hace poco hablé con un periodista en Carolina del Norte de cómo Chuck tocó en un club, o bueno, en un restaurante en los cincuenta y cómo lo engañaron y no le pagaron. Hablé con Billboard Magazine, más sobre editoras y la parte empresarial de la carrera de Chuck. Así que ha habido de todo.

TrackRecord: Yo ya sabía de su pasado y me da curiosidad saber por qué no fue un tema del que hablaron más personas.

BP: Creo que -¿cómo lo pongo? Creo que en cualquier cosa escandalosa siempre hay dos versiones de la historia. Yo no estoy aquí para ser el apologista del señor Berry. El incidente del Mann Act en 1959 fue algo de lo que él habló

abiertamente en su autobiografía. Creo que el incidente que hubo ahí, según entiendo a partir de mis investigaciones -me queda claro que hubo algunos matices racistas involucrados en [la primera condena de Berry] bajo el Mann Act. El juez insistía en informarle al jurado, compuesto en su totalidad por personas blancas, que el señor Berry era negro y que toda la gente con la que estaba asociado era negra también. Lo que puede inferirse era: este es un exitoso artista negro en el mundo del rock and roll—que en esos tiempos era territorio prohibido- y había algunos elementos de racismo ahí.

TR: Su carrera estaba muy bien establecida para entonces.

BP: Absolutamente. El fue uno de los primeros artistas negros, tal vez incluso uno de los primeros artistas de su época, en encargarse de los aspectos editoriales de su música y en conseguir sus propios acuerdos editoriales y contratos de grabación. Era también muy buen inversionista. Invirtió en bienes raíces y supo cómo mantener su fortuna mientras sus contemporáneos gastaban sus adelantos en coches y cosas. Le iba muy bien, y la gente lo sabía. Creo que hay razones para decir que la gente iba tras él por su dinero.

TR: ¿Dirías entonces que Berry también fue una víctima? ¿Racial y de la gente que sólo estaba interesada en conseguir parte de su fortuna?

BP: Así es como yo lo veo.

TR: Dicho eso, y conociendo su historia, ¿qué pueden hacer los fans que tratan de reconciliar el conocer sus actos del pasado con el material que creó? ¿Cómo se supone que deben encontrarle el sentido a lo que hizo o a lo que se le acusó de hacer?

BP: Estás haciendo la pregunta más importante que todo biógrafo o fan de un artista se hace: “¿Cómo reconcilias eso?” Quiero decir, supongo que… tratas de balancear todo lo mejor que puedes, ¿no? Para mí el legado es enorme. No hay manera en que el mundo pueda voltear a ver la música popular de la segunda mitad del siglo 20 sin en algún punto reconocer la enorme deuda que tiene con Chuck Berry. Como lo he dicho una y otra vez en todas las entrevistas, no habría Beatles ni Rolling Stones, no habría Bob Dylan, no habría Bruce Springsteen, todos estos artistas en sus propias formas y en sus propios tiempos han reconocido la enorme deuda que tienen con Chuck Berry. Él cambió la cara del rock and roll. Fue uno de los primeros artistas en escribir e interpretar sus propias canciones. En ese momento, la mayoría de los artistas eran sólo la cara, por decirlo de alguna manera, de los compositores que vivían de escribir canciones, y Chuck llegó y dijo “no, yo puedo hacer esto e interpretarlo también.” Él desarrolló un estilo completo para tocar la guitarra que siguió vivo, mucho tiempo después de que él hubiera dejado de ser un artista activo. Así que hay que poner eso en la balanza junto con los aspectos más escandalosos. Y supongo que, con respecto a esa área de su vida, uno tiene que voltear a verse a sí mismo y a su brújula moral y preguntarse: “¿Cómo respondo ante estas cosas?”

Nosotros no estuvimos ahí. Nadie de nosotros estuvo ahí cuando pasó eso. El señor Berry era un hombre muy privado. Hablaba muy poco de su vida personal. Puedo decirte también que, con base en lo que me dijeron todas las personas a las que entrevisté en St. Louis mientras trabajaba en el libro, que la gente siempre se refería a él como una persona sumamente generosa y cariñosa. Era un hombre de familia. Estuvo casado -uf, ni siquiera sé cuánto, ¿60 años tal vez? Con una sola mujer. Y no se sabe qué tipo de acuerdo tenían; él, personalmente, nunca hablaba de eso.

Y luego pienso: “¿Habrá sido el primer músico de rock and roll en tener sexo con groupies y todo eso?” Lo dudo. [Ríe]

TR: Ciertamente no fue el último.

BP: Desde luego que no. Yo miro mi propia brújula moral, y ¿lo juzgo por eso? La respuesta corta a tu pregunta es que es complicado. Es muy complicado. Como biógrafo, haces lo mejor posible para presentar el caso como lo entiendes, y con suerte el lector juzgará basándose en su propia actitud frente a la moralidad y al arte.

TR: Como su biógrafo, tienes que mantener un sentido de neutralidad y eliminar tus propios sesgos, pero ¿cómo te sientes personalmente respecto a lo que pasó y a lo que piensas sobre su legado y su arte?

BP: Prefiero concentrarme en el lado artístico de lo que hizo. No me gusta juzgar, porque francamente aún con todo el acceso que tuve, incluso a los registros de la corte y con todas las entrevistas que hice, no fui parte de esa situación. No fui una mosca en la pared, así que realmente no puedo, nadie de nosotros puede, realmente comentar al respecto. Al final del día, trato de enfocarme en el importante legado que nos dejó, la música.

Nunca tuve la oportunidad de entrevistarlo. Él nunca estuvo dispuesto, ya que mantenía su vida muy en privado. Si hago un juicio, será basado en información de segunda o tercera mano, y creo que a mí no me gustaría ser juzgado así. Creo que a nadie le gustaría. Ese es el problema que enfrentan los biógrafos que hablan de un sujeto que o bien está muerto o no quiere cooperar. Realmente no puedes saber, de forma definitiva, qué pasó, así que tratas de suspender tus juicios lo mejor que puedes.

TR: ¿Crees que su vida personal será recordada, o que sólo se mantendrá su legado musical? Yo sé que algunos artistas han sido reducidos a los aspectos más salaces de su vida - por ejemplo, Gary Glitter vive atormentado por cargos de pornografía infantil - pero otros artistas parecen no verse afectados.

BP: Creo que conforme cambian los tiempos, las opiniones se suavizan. ¿Cómo lo pongo? No quiero exonerar a gente como Gary Glitter. Pero al mismo tiempo, las cosas cambian, los tiempos cambian, las morales cambian. Creo que la condena de Chuck [de 1961] también va a formar parte de la manera en que la gente lo va a recordar, ya que fue muy controversial en su momento. Pero tienes que tener presente que el Mann Act rara vez se usaba para condenar personas. Se usaba -si alguna vez lees su historia, es fascinante, gente como J. Edgar Hoover lo usaban como una vara para golpear a la gente que no les caía bien. Charlie Chaplin se enfrentó a cargos bajo el Mann Act. Jack Johnson, el boxeador de peso completo, ya sabes, toda esta gente a quien Hoover le guardaba rencor. El Mann Act [estaba] escrito tan ambiguamente que cualquiera que cruzara las líneas estatales con una persona del sexo opuesto por cualquier motivo, aunque fuera un viaje inocente a otro estado, pudo haberse enfrentado a una condena del Mann Act. [Nota del editor: El Mann Act originalmente prohibía el transporte de “cualquier mujer o niña con el propósito de que hubiera prostitución o libertinaje, o con cualquier otro propósito inmoral”, pero ha sido reformado desde entonces para referirse específicamente a actividades sexuales ilícitas como pornografía infantil o prostitución].

Creo que [la condena de Berry de 1961] siempre será recordada. Lo demás no lo sé. Es una mancha. Yo hubiera querido que no lo hiciera, pero al mismo tiempo, hay ciertas circunstancias ahí que mitigan la situación. Estoy seguro de que en este momento, ya que la muerte de Chuck es tan reciente, hay muchos sentimientos cálidos alrededor [de él]. Tengo la sensación de que va a terminar pasando algo con Chuck Berry similar a lo que ocurrió con James Brown. Creo que cuando se toque el tema de la herencia y todas las ramificaciones de su muerte salgan a la luz -digamos que creo que ahí es donde saldrá a relucir la ropa sucia. Y estoy seguro de que, conforme pase el tiempo, sabremos más de él, pero al final del día el juez tendrá que ser el individuo con base en lo que considere apropiado y adecuado.

TR: ¿Sientes que a raíz de su muerte sus acciones serán vistas bajo una luz diferente? Siento que con la muerte viene una actitud que no precisamente exonera, pero que hace que veamos a los artistas de una forma más amigable.

BP: Creo que conforme pase el tiempo y veamos esto bajo una luz más histórica habrá algún tipo de re-examinación. Siempre es así con las figuras públicas. Pero sinceramente, creo que lo recordaremos por su legado musical y no su conducta personal. Fue un parteaguas. No creo que las nuevas generaciones hayan entendido realmente, o que vayan a entender, lo significativo que fue para un artista negro llegar hasta donde él llegó. Hubo artistas negros antes que él, desde luego, pero él fue quien realmente cruzó al mainstream, y eso era una barrera tan grande que creo que con ese único logro se asegura su legado.

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