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Foto: Kathy Willens / AP

Cuando Salma Hayek le dijo a Stephen Colbert que los mexicanos “estamos en todas partes” durante una entrevista en su Late Show, la actriz veracruzana le explicaba que la idea de llevar un mariachi a Cannes pudo haber sonado a una locura al principio pero después, con un buen trabajo de coordinación, lo consiguió porque en París hay muy buenos grupos de este género. Y no sólo en la capital francesa, sino en muchas otras ciudades de Estados Unidos, Europa y Asia.

La popularidad del mariachi en el mundo ha tomado dos caminos distintos. Por un lado se han formado grupos muy apegados a la tradición que recurren al repertorio de las diferentes regiones de México. Jarabes, minués, polkas, valonas, valses, serenatas y corridos han llegado a sonar en la ciudad más remota que podamos imaginar.

El otro rumbo que ha seguido este género tradicional está ligado a su diversificación. Después de tantos años de haber cruzado la frontera hacia Estados Unidos en la década de los cuarenta y ante el permanente intercambio cultural entre nuestro país y el del norte, el mariachi ha integrado nuevos instrumentos y se ha transformado como casi cualquier género que viaja y es interpretado en entornos diferentes.

Para los más conservadores todo esto ha sido prácticamente una tragedia. En Garibaldi, por ejemplo, muchos de los grupos se resisten a tocar otros géneros. Por más que se los pidan, no les interesa tocar banda, rock o pasito duranguense. Son ellos quienes celebran que modas como la quebradita sean sólo eso, modas fugaces que han quedado en el olvido.

“Cuando vamos a una fiesta y nos piden que toquemos una de banda nosotros no lo hacemos porque de esa forma se va perdiendo la tradición”, dijo Crescencio de la Cruz, quien lleva 36 años tocando en Plaza Garibaldi, en entrevista con El Universal.

Pero el mariachi no sólo se enfrenta a ese perpetuo dilema sobre apegarse a la tradición y conservar únicamente instrumentos como las trompetas, los violines, las vihuelas y los guitarrones o abrirse a nuevas posibilidades.

El machismo es también algo característico del género. A pesar de que en la década de los cincuenta surgieron Las Pioneras de México, primer mariachi de mujeres formado en la Ciudad de México, a las integrantes de Flor de Toloache les tocó enfrentarse a la discriminación por formar, en 2008, en Nueva York, un grupo de mariachi integrado exclusivamente por chicas.

“No éramos aceptadas cuando empezamos con un grupo de mujeres. Casi nadie de la comunidad de mariachi nos apoyó. Hasta la fecha nos critican, pero poco a poco nos han aceptado. Ahora tenemos seguidores que han sido entusiastas del género desde hace mucho tiempo, algo que no nos pasaba cuando iniciamos. Pero este problema se presenta en muchos otros terrenos: las mujeres tienen que sortear toda clase de obstáculos para poder demostrar que lo que están haciendo es valioso y funciona”, dijo Mireya Ramos, puertorriqueña fundadora de Flor de Toloache, en entrevista exclusiva para Trackrecord México.

Tras ese parteaguas que fueron Las Pioneras de México, son muchas las mujeres que se han decidido por una vida entregada al mariachi. Incluso algunas, las más jóvenes, se inspiran en grupos de formación tan reciente como Flor de Toloache para incursionar en este camino.

“Una de las cosas más bonitas, y que no imaginé que podría lograr, es el hecho de inspirar a otras mujeres más jóvenes: una chica en Detroit se animó a formar su banda de mariachi de mujeres después de escucharnos. Para mí, esa es la mejor forma de conectarse con la tradición. Además es un honor y un regalazo lograr que nazca en alguien el deseo por hacer música. Eso es mucho más valioso que cualquier Grammy”, dijo.

Mireya viene de la tradición del mariachi. En sus inicios tocaba con el grupo de su papá, en el que era la única mujer; desde entonces le tocó enfrentar el choque cultural entre ella y el resto de los músicos, quienes no se la pusieron fácil, aunque reconoce haber aprendido mucho de esa experiencia.

“Ha sido mucho trabajo, pero como grupo hemos aprendido y crecido juntas. El mariachi nos ha permitido conectar con muchas personas. Recientemente fuimos a la India e hicimos algunos talleres con mujeres de distintas comunidades, dimos varios conciertos en los que mezclamos mariachi con música tradicional de la India. Ese es el tipo de experiencias que demuestran que la música es un lenguaje universal y uno debe aprovechar la posibilidad de conectar de esa manera”, dijo.

No faltará quien siga oponiéndose, pero el mariachi dejó de contar historias únicamente desde la perspectiva del macho. Hoy hay muchas mujeres mariachi que cantan sobre el amor, su país natal, la muerte, el lugar donde viven y el dolor de la pérdida.

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