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via Ilya S. Savenok / Getty Images

Todos tenemos derecho a quejarnos de la industria en la cual laboramos - pero tal vez podríamos ahorrarnos el hacerlo en Instagram. David Longstreth, el rostro de los Dirty Projectors, aprendió esto hace poco, cuando escribió algunas palabras sobre el estado del indie rock en su app de Notes, le tomó una captura de pantalla y la subió a Instagram, describiendo al indie rock actual como “musicalmente decepcionante.”

Las reacciones negativas no se hicieron esperar, pero las cosas fueron poniéndose peor-. Escribiendo en los comentarios, el vocalista de Fleet Foxes Robin Pecknold sugirió que el último gran momento del género fue en 2009, cuando Animal Collective sacó Merriweather Post Pavilion y Grizzly Bear editó Veckatimest. Longstreth y Pecknold sonaron como señores desfasados y amargados y, sobre todo, equivocados (Longstreth invocó el “Bad and Boujee,” de Migos, un hit de trap desbocado de un trío de rap de Atlanta, para lamentarse del estado de sus contemporáneos). Pero cuando las cosas se calmaron, el recelo de Longstreth dio la impresión de ser un momento genuino (aunque mal expresado) de auto-reflexión de mitad de carrera.

Longstreth no es el primero en meterse en cuestiones raciales y políticas del indie rock - de hecho, el asunto del sonido indie rock “blanco” o “negro” (incluso de cómo debería sonar cada uno) siempre ha estado en el centro de la discusión sobre qué es este género. En 2007, Sasha Frere-Jones reflexionaba en el New Yorker sobre la apabullante blancura del indie rock. Frere-Jones, que es blanco, se enfocó no tanto en la composición racial de las bandas sino en los sonidos del género - su interés era en por qué las bandas sonaban igual y qué habría pasado con sus influencias “negras”. (¿Será posible que Frere-Jones nunca hubiese escuchado a TV on the Radio?) Sin embargo, su ensayo acierta al resaltar que mientras que estas bandas alcanzaban mayores niveles de popularidad, su estética y estilo se volvían cada vez más insulares. El periodista musical Nitsuh Abebe dijo lo mismo en su ensayo de 2009 para Pitchfork ‘This Decade In Indie’ (Esta Década En El Indie.) Él rastreó cómo el indie pasó de ser una piedra de toque cultural a ser una de marketing - una estrategia barata para llamar la atención de un consumidor millenial idealizado. (Pensemos en cómo Apple usó a Feist, Chairlift y los Yeah Yeah Yeahs para vender iPods.) Lo alternativo se convirtió en mainstream, tanto que las bandas amadas por Pitchfork encontraron un nuevo hogar en los soundtracks de Twilight. Abebe se preguntaba qué podría seguir para el indie rock, pero en realidad parecía que estaba escribiendo su obituario.

Dirty Projectors - Stillness Is The Move (2009)

Fue alrededor de esa época que “indie rock,” un término bastante inelástico, empezaba a usarse con demasiada ligereza. En los noventa, el término se utilizaba para describir a bandas de post-college rock y a música fuerte cargada de guitarras, como Built to Spill, Pavement y Sleater Kinney; en los dosmiles el paraguas comenzó a abrirse. Los duros aullidos experimentales de Animal Collective, el pop artesanal con toques africanos de Vampire Weekend, o las tragedias casi míticas de Justin Vernon eran todas “indie rock.” Hasta el pop de cámara de los Dirty Projectors era, por falta de una mejor descripción, indie rock— aún cuando la banda nunca había echado raíces en ese espacio. Aún así, alrededor del 2010, la banda de Longstreth estaba en el centro del universo del indie rock y atrajo la atención de músicos desde Björk hasta Solange, cuyo cover de “Stillness Is The Move” resultó atractivo para los fans tanto del R&B como del indie.

Ese cover de Solange cambió el guión. Como le dijo a Vulture en 2010: “¡Los chicos blancos no nos van a seguir robando nuestro estilo! ¡Lo vamos a recuperar!” Los artistas de color estaban empezando a tomar elementos del indie y viceversa. Hoy, el indie rock es como las ligas menores, donde los artistas pueden empezar su camino hacia donde está el verdadero dinero: no el rock de estadio, sino los universos negros del rap y el R&B. Bon Iver trabajó con Kanye, y tiene muchas influencias del artista en su último álbum; Father John Misty escribió para Beyoncé; Toro Y Moi trabajó con Travis Scott; incluso el desconocido Alex G contribuyó con guitarras para los últimos proyectos de Frank Ocean.

Los artistas que alguna vez pensamos que eran puristas del indie rock ya no lo son - esto tal vez indica que quizás la etiqueta es la que tiene que irse, que necesitamos un mejor lenguaje para hablar del alcance de toda la música independiente que se hace hoy en día. Se siente como si el término nos hubiera quedado chico, pero quizás lo que ocurre es que siempre fue incompleto. “Indie”, por supuesto, tiene la connotación de que el género no tiene intereses de estatus o gloria - pero muchos artistas indie sí llegan a tener un estatus de personajes famosos, o al menos consiguen un cierto éxito y trabajan con aquellos que alcanzaron dicho estatus.

En su más reciente álbum, el homónimo Dirty Projectors, Longstreth canta: “What I want from art is truth / What you want is fame” (lo que yo quiero del arte es la verdad/lo que tú quieres es fama.) Esta frase parece estar dirigida a su ex-compañera de banda Amber Coffman (que también es su ex) y su giro hacia lugares alejados del mundo del indie rock. Sin embargo, también podría verse como una crítica a sí mismo a través de los ojos de Coffman. Ella ha trabajado con los esenciales del EDM Major Lazer y con raperos como J. Cole y Snoop Dogg— pero Longstreth también se ha desviado del camino, trabajando en el “FourFiveSeconds” de Rihanna y en el A Seat At The Table de Solange.

Dirty Projectors se inspira en esta tensión. Longstreth nunca se convirtió en un personaje famoso, y el intervalo entre sus proyectos probablemente templó la atención que recibió en la esfera indie - y su más reciente proyecto también suena templado, de cierta forma. Si el momento dorado del indie rock fue en 2009, entonces tal vez ayudó que estábamos viviendo en la calidez y fluorescencia post-Obama, algo que en 2017 se siente verdaderamente distante. Volviendo a su Instagram, el berrinche de Longstreth fue denigrante, pero da la sensación de que también lo hacía por desear volver a un momento en que las cosas eran más simples y la vara estaba menos alta. Y si lo volvemos a escuchar con eso en mente, se puede ver cómo Dirty Projectors está disminuído, tanto que sin importar quién lo escuche, podemos imaginar que nadie le pedirá a Longstreth que se agrande.

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