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via Mark Metcalfe/Getty Images

A principios de mayo, At The Drive-In sacó su primer álbum en 17 años, llamado in•ter a•li•a. Un día después arrancaron la gira de promoción del disco, que empezó en la ciudad donde se formó la banda: El Paso, Texas. No pude sino sentirme feliz al ver las historias de Instagram y los videos que tomaron mis amigos que fueron al concierto. Al pensar en que esta banda, que se volvió mainstream y definió y redefinió el sonido post-hardcore de principio de los dosmiles y que estaba a punto de embarcarse en su tan anticipado regreso, es de la misma ciudad que yo.

Yo descubrí a At The Drive-In en 2006, cinco años después de su separación y seis años después de la salida de su trascendental tercer álbum, In Relationship Of Command. Para entonces, la banda de El Paso ya había sido mitificada a lo largo del pueblo fronterizo texano y archivada en internet. La única forma de ver tocar a sus miembros era a través de sus nuevos proyectos: The Mars Volta y Sparta.

Muchas amistades que se forjaron en El Paso fueron construidas alrededor de una obsesión compartida por At The Drive-In; muchas de las mías, al menos, se gestaron de esa forma. Como mis amigos y yo queríamos ser músicos, era inevitable admirar a la única banda local que consiguió tener éxito en el mainstream; si ellos pudieron, nosotros también podíamos. Al fin y al cabo éramos adolescentes.

Pasábamos algunos días viendo en YouTube horas y horas de material de At The Drive-In después de clases. Entrevistas, presentaciones; cada video era diferente al anterior y nos ofrecían vistazos a la banda y al mundo en que existían. Ver a Cedric Bixler-Zavala y Omar Rodríguez-López antes de la época del afro agitando frenéticamente sus brazos y piernas en “Classroom” en Greensburg, PA, en 1998; Rodríguez-López y Jim Ward hablando de la demanda que Metallica levantó contra Napster; Bixler-Zavala y Rodríguez-López haciendo tonterías en una gasolinera mientras trataban de arreglar la camioneta en la que la banda salía de gira; y, por supuesto, la memorable interpretación de “One Armed Scissor” en el Late Show With David Letterman en el 2000.

At The Drive-In fue uno de los primeros enamoramientos musicales que tuve durante el ascenso de la era de internet. Sin embargo, resultaba igual de fascinante y divertido escuchar las historias que contaba la gente de la ciudad que los conocía, que aprender sobre el grupo en línea.

En cuarto de prepa pasaba la mayoría de mis recreos escuchando a Víctor, mi maestro de historia, hablar de sus interacciones con los miembros de la banda. Había una de sus historias que recordaré para siempre: era sobre cómo su banda había tocado junto con Bixler-Zavala cuando este tocaba la batería para un grupo llamado Fall On Deaf Ears. Este grupo de punk era liderado por dos mujeres, Laura Beard and Sarah Reiser, algo nunca antes visto. Tanto Beard como Reiser eran parte importante de la escena musical de la ciudad en ese momento, ya que habían tocado juntas en otras bandas antes de Fall On Deaf Ears, específicamente en The Glitter Girls y Rope, y porque solían prestarle sus instrumentos y equipo a otros músicos locales.

Desafortunadamente, estas dos mujeres fallecieron el 23 de marzo de 1997 en un accidente de automóvil; tenían 17 años de edad. Bixler-Zavala aludió a sus muertes en muchas de las canciones de At The Drive-in, cosa que es especialmente notoria en “Napoleon Solo”:

March 23rd hushed the wind, the music died / If you can’t get the best of us now / It’s cause this is forever. (El 23 de marzo calló al viento y murió la música / si no puedes sacar lo mejor de nosotros ahora / es porque esto es para siempre).

Yo había coreado esas letras más de una vez sin darme cuenta que eran una oda a Beard y Reiser, dos nativas de El Paso inmortalizadas en una de las canciones más hermosamente poderosas y conmovedoras de la banda.

En retrospectiva, “Napoleon Solo” no es sólo un tributo, sino una críptica clase de historia sobre otros pioneros musicales que formaban parte de la ciudad; gente que era parte integral de la escena musical de El Paso y que se nos fue demasiado pronto. Gracias a At The Drive-In adquirí un orgullo y apreciación por El Paso que no tenía antes, y las historias sobre ellos alimentaban esta fascinación mítica que mis amigos y yo teníamos con la banda y con un El Paso que resultaba muy diferente a la ciudad en que habíamos nacido.

Años después, me hice amigo de un hombre llamado Ralph, que conoció a Bixler-Zavala y Rodríguez-López desde que eran adolescentes. Al igual que lo hice en mi adolescencia, escuché con toda mi atención las historias que me contó sobre haber tocado con ellos y que involucraban a otras bandas locales con las que estaban afiliados: Marcellus Wallace, Los Dregtones, Startled Calf. Yo tenía 23 años de edad, pero mi admiración por At The Drive-In era tan fuerte como lo había sido en la prepa. Sin embargo, gracias a este tipo de interacciones, comencé a entender que At The Drive-In no era mítico sino que formaba parte de algo más grande y hermoso; eran una parte de la historia de El Paso que no conocía y de la cual sigo aprendiendo. Es un privilegio poder tener este tipo de interacciones, un privilegio que viene de provenir de la misma ciudad.

El que At The Drive-In haya regresado el 5 de mayo de 2017, es decir, dos meses después del vigésimo aniversario de la muerte de Beard y Reiser, es realmente conmovedor. Sea o no intencional, el momento que eligieron es simbólico: es un recordatorio de que el mismo lugar al que yo llamo hogar, donde están mis amigos más queridos y de donde vienen los recuerdos que atesoro, les pertenece a ellos también.

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