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Una vez más, la Real Academia de la Lengua llega tarde a todo. Hacia 1880, en la zona de Valledupar, en Colombia, ya se escuchaban puyas, sones y merengues interpretados con acordeón, caja y guacharaca por lo que podría decirse que el vallenato, contemporáneo del bolero, tiene una historia de más de cien años.

Pero la palabra no existía en términos formales para la RAE. ¿Por qué? No lo sabemos. Sin embargo, el reconocimiento representa una excusa perfecta para hablar, escuchar, bailar y reflexionar sobre la riqueza de este género musical de la costa caribe colombiana.

La RAE presenta dos acepciones para el término: “Música y canto originarios de la región caribeña de Colombia, normalmente con acompañamiento del acordeón” y “Baile que se ejecuta al ritmo del vallenato”. Hace un par de años, en diciembre de 2015, la Unesco declaró al vallenato como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Y no sólo eso, el comité determinó la inclusión de la música vallenata tradicional del Magdalena Grande en la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial en necesidad de Salvaguardia Urgente.

Esta declaratoria implicó la adopción de medidas urgentes para su salvaguardia, ya que el género, según señaló el comité, lleva años bajo amenaza debido al conflicto armado que enfrenta el país. “Además, un nuevo tipo de vallenato está marginando el género musical tradicional y atenuando el papel que éste desempeña en la cohesión social”, señaló la Unesco.

En el anuncio de su declaratoria, la ONU destacó también que cada vez se usan menos los espacios callejeros para las parrandas vallenatas, por lo que se corre el peligro de que desaparezca un medio importante de transmisión intergeneracional de los conocimientos y prácticas musicales.

El escritor colombiano Gabriel García Márquez fue una figura clave para que el vallenato se diera a conocer a nivel mundial. Cuando recibió el Nobel de Literatura, en 1982, se hizo acompañar de un grupo de vallenato, y tres años después su novela El amor en los tiempos del cólera iniciaba con un epígrafe tomado de una canción del compositor Leandro Díaz, símbolo de la música vallenata.

Un par de frases atribuidas a García Márquez relacionadas con el vallenato fueron: “Esta música ha sido tejida con la misma hebra de mis novelas”, y “Cien años no es más que un vallenato de 350 páginas”.

De acuerdo con la definición de la Unesco, el vallenato es un género tradicional surgido de la fusión de expresiones culturales del norte de Colombia: canciones de los vaqueros del Magdalena Grande, cantos de los esclavos africanos y ritmos de danzas tradicionales de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Todas estas expresiones se han mezclado también con elementos de la poesía española y el uso de instrumentos musicales de origen europeo.

“Nostálgicas, alegres, sarcásticas y humorísticas, las letras de las canciones del vallenato interpretan el mundo a través de relatos en los que se combinan el realismo y la imaginación”, señala el sitio de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Uno de los eventos más importantes que actualmente celebra, divulga y promueve este género es el Festival de la Leyenda Vallenata, fundado en 1968 por la oficina de Turismo del Departamento de El Cesar, que lo organizó hasta 1986. Después, señala su sitio web, se creó la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, la cual funciona en las instalaciones de la Tarima Francisco el Hombre de la Plaza Alfonso López. Este festival sirvió como marco para inaugurar el canal costeño Telecaribe, que hasta 1998 estuvo encargado de transmitir el evento. En 1999 el Festival se transmitió por primera vez a nivel nacional e internacional.

Algunos de los juglares vallenatos legendarios son Franciso El Hombre, Abel Antonio Villa, Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa, Nicolás “Colacho” Mendoza, Carlos Huertas, Juancho Polo Valencia, Egidio Cuadrado, Enrique Díaz, Leandro Díaz, Lorenzo Morales, Marciano Martínez y el ícono más grande del género, y el primer Rey vallenato, Alejandro Durán.

La mayoría de estos músicos vivieron en la pobreza, pues a pesar de que sus canciones eran cantadas y conocidas por todos en la región donde surgieron, en sus tiempos no había una industria rentable alrededor del vallenato como la que existe ahora en Colombia.

De acuerdo con el diario Vanguardia, el vallenato representa el 13% de las reproducciones en las plataformas de streaming en Colombia, además de que mueve miles de millones de pesos en ventas discográficas, patrocinios, conciertos, tours y festivales.

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