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A finales de la década de los cuarenta, un sentimiento catártico de liberación se apoderó de la sociedad. Los sonidos latinos fueron parte esencial de la música en aquellos momentos de regocijo en los que se celebraba el final de un terrible conflicto bélico.

Por ello, toda una corriente cultural proveniente de Latinoamérica conquistó al mundo. Una de las islas con mayor riqueza cultural de la época, Cuba, comercializó uno de los géneros más memorables de la posguerra: el Mambo. Según el documental ¿Quién inventó el Mambo?, la palabra proviene del Congo y tiene un significado referido a la "fiesta o el jolgorio", menciona El Universal.

La exposición del mambo en México y el mundo

El mambo nació a mediados de los años treinta y su origen se le atribuye al flautista Antonio Arcaño y su orquesta, formada por los músicos Israel y Orestes López Cachao, quienes de acuerdo a varios documentos históricos fueron los primeros en incorporar estribillos sincopados al danzón cubano.

Dos años después del final de la segunda Gran Guerra en 1948, uno de los precursores del género llegaría a México para popularizar aquel novedoso y complicado ritmo, Dámaso Pérez Prado. Durante aquella época, Pérez Prado popularizó el mambo y musicalizó los pasajes cotidianos de la Ciudad de México a través de su lírica. Desde crear himnos universitarios hasta relatar la vida de un ruletero, el cubano llegó a nuestro país para exponer la realidad urbana de nuestra sociedad a través de lo que se le conocería posteriormente como música tropical en recintos míticos como el Salón Los Ángeles y el Teatro Blanquita.

Pérez Prado nació hace 100 años en Matanzas, Cuba, el 11 de diciembre de 1917. Durante su niñez aprendió a tocar el piano y cuando terminó la escuela tuvo la suficiente preparación para presentarse en pequeños clubes. En 1942 se mudó a La Habana y ahí compuso arreglos para la Orquesta Casino de la Playa, un colectivo de música que era popular de la escena musical de la región.

En ese periodo de su vida, Pérez Prado fue contratado como arreglista principal por Cascarita, voz principal de la agrupación y a partir de ahí, pudo tener mucho tiempo de práctica que definió su estilo. Una de sus principales inspiraciones fue el jazzista norteamericano Stan Kenton, por lo que jugó con los elementos sonoros del género estadounidense y lo rudimentario de los beats de ascendencia africana, rasgos que el mambo tiene en su esencia instrumental: cencerros, trompetas y bongos.

La música de Pérez Prado se internacionalizó y llegó a los oídos de los asistentes a clubes de gran relevancia en zonas como Miami y Nueva York, capitales de la música en Estados Unidos. Ahí, canciones como "Mambo No. 5" y "Qué Rico Mambo", lo colocaron como uno de los principales representantes de la música latina a los ojos de los angloparlantes, quienes comenzaron también a disfrutar de la propuesta musical con baile, algo por lo cual generalmente no son caracterizados.

Pérez Prado en el cine mexicano

Los últimos años de la época de oro del cine mexicano fueron musicalizados con las canciones de Pérez Prado. Películas como Víctimas del Pecado (de Emilio "el Indio" Fernández) documentan parte escencial de su repertorio y reflejan al mambo como la música principal de aquellos dramas cinematográficos de arrabal.

Varios actores mexicanos intepretaron su música como María Victoria, Tony Camargo, María Luisa Landín y otras estrellas de la pantalla grande como Tongolele, Tin Tan y Joaquín Pardavé bailaron sus piezas. Además, directores internacionales como Federico Fellini usaron canciones del ahora llamado "Rey del Mambo" para la banda sonora de sus películas como La Dolce Vitta.

Su legado

De acuerdo a información de Spotify, mucho de su éxito internacional se lo debe a las cortas pero efectivas giras que realizó en Estados Unidos y sobretodo, el apoyo de la discográfica RCA Victor que lo firmó en México y después lo lanzó como un artista internacional.

Tras haber sido deportado por las autoridades mexicanas en 1953, Pérez Prado emprendió una aventura musical en Nueva York que lo pondría a la altura de artistas de la época. Sus composiciones llegaron a estandarizarse en las listas de popularidad de mediados de los cincuenta y en 1955 grabó una canción titulada "Cherry Pink Apple Blossom White", tema principal de la cinta Underwater!, dirigida por Jane Russell.

Sus canciones fueron traducidas a distintos idiomas en Europa como al francés y al italiano, dos países que prefirieron escucharlo antes que a Elvis Presley quien ya se hacía presente para esa década. Sin embargo, la influencia del rock and roll también se hizo presente en la vida del legendario músico, quien publicó Rockambo y Twist-type a principios de los sesenta, dos álbumes que contenían ritmos y melodías basadas en el twist y el rock and roll.

En la década de los setenta, Pérez Prado se refugio una vez más en México y en 1980 se nacionalizó y murió más tarde el 14 de septiembre de 1989.

Actualmente, su hijo Pérez Prado Jr. continúa esparciendo la música del Rey del Mambo alrededor del mundo interpretando sus éxitos con la Orquesta de Pérez Prado. Tal es la influencia del músico cubano-mexicano que, según El Universal, la Fonoteca Nacional ha restaurado algunas piezas originales dañadas de su discografía y tendrá una sección especial con textos y documentos.

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