Síguenos

Advertisement
Natalia Lafourcade en el Vive Latino 2016

La relación de Natalia Lafourcade con el Vive Latino sirve como una prueba de lo que la cantante despierta en el público mexicano “alternativo”, por decirlo de alguna manera. La primera vez que se presentó en el festival fue en 2003 como uno de los primeros actos del escenario B –ajá, todavía no estaba brandeado cada centímetro del encuentro musical–. A plena luz del día, Natalia y sus músicos fueron bajados del escenario de una forma tal que todos los asiduos a festivales mexicanos deberíamos avergonzarnos.

A Lafourcade no se le perdonaba que hubiera sido integrante de Twist, grupo coreográfico “vocal” (es decir, hacían playback, aunque ella sí que podía cantar) ni que su álbum debut hubiera sido lanzado por una disquera transnacional, aunque nadie lo explicaba de esa manera. Era una época en la que todo era blanco o negro: para ser aceptado por una comunidad medianamente rockera tenía que parecer que las cosas te costaban mucho más trabajo que lo que le costó a la cantante, quien entonces tenía menos de 20 años.

Pocos destacaban que ella había compuesto casi todos los temas de su primer disco, que sabía tocar instrumentos y que cantaba bien. Los más melómanos reconocían, casi con culpa, sus coqueteos con el bossa nova, que a su corta edad ya se había codeado con reconocidos músicos y productores, o que iban a sus shows porque tenía “un buen bajista”.

Busca un problema

Pasaron ocho años para que Natalia regresara al festival, sin contar los minutos que pasó en el escenario con los Liquits en el 2005. Lafourcade ya había lanzado Casa (2005, bajo el nombre de Natalia y La Forquetina), el EP Las 4 estaciones del amor (2007) y Hu Hu Hu (2009). Ya con un Latin Grammy bajo el brazo y su voz en varios soundtracks de filmes mexicanos, la gente aceptaba que le gustaba el trabajo de Lafourcade, mientras que los más snobs le reconocían que “había participado ‘como músico’ en el Unplugged de Julieta Venegas” (¿¡cómo músico!? ¿qué era antes Natalia para ellos?).

Esa presentación de la cantante en el Vive Latino, así como la aprobación del público, le abrieron las puertas para que regresara en 2013, ya con el discurso y estética relacionados a Mujer Divina - Homenaje a Agustín Lara (2012). En este show, vestida de blanco, Natalia interpretó “Un derecho de nacimiento”, tema en apoyo al movimiento #YoSoy132. Ya era oficialmente una vocera de la gente, de los gritos del pueblo en favor de la libertad de expresión, y de los conocedores de la música mexicana.

Un Derecho de Nacimiento

Con Hasta la raíz (2015), álbum que ganó más de un Grammy Latino y fue reconocido como Mejor Álbum Rock Latino/Alternativo en la entrega de los Grammy, Natalia regresó al Vive Latino en el 2016, con un espectáculo en el que hizo honor a cada momento de su carrera, a cada instante que la llevó hasta ahí, a demostrar que por fin era una de las artistas más queridas del encuentro.

En la próxima edición del festival no la escucharemos en vivo, pero se proyectará el documental de Musas, álbum doble que hizo de la mano de Los Macorinos. Hoy en día Natalia no sólo ha conquistado a los rockeros más incrédulos. También cautivó a sus papás y abuelos, quienes crecieron más cercanos al folclor latinoamericano, así como al público más mainstream, ese que apenas está entendiendo por qué la cantante fue elegida para cantar en los premios Óscar si *insértese aquí el nombre de una artista visualmente superproducida, que no toca ni compone, pero canta más o menos bien* también “canta bonito y es más famosa”.

Advertisement

Relacionados