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via Sofi Adams/Getty Images

No hay mejor narrativa para una buena historia que la idea de un Elegido, un Mesías seleccionado de entre la gente común y corriente para guiar al mundo. Y las boy bands se caracterizan por contar con esas figuras, aún cuando a algunas les vaya mejor que a otras. Nick Lachey y Nick Carter, quienes se esperaba que se convirtieran en emisarios después de sus trayectorias en 98 Degrees y Backstreet Boys, respectivamente, perdieron fuerza a inicios de los los dosmiles. La esperanza para One Direction siempre ha sido que el Elegido siga el mismo camino que iconos del pop como Michael Jackson y Justin Timberlake. Y Harry Styles es su apuesta más segura. Las canciones que escribió para One Direction fueron todas hits.

Para el momento en que empezó a grabar su primer álbum como solista ya había sido coronado como ícono musical a raíz de su relación fallida con Taylor Swift. La cantidad de herramientas que Harry Styles llevaba consigo para que su carrera pop despegara de manera descomunal era impresionante: tenía los fans, la popularidad, el look y la historia romántica como para robarse los titulares por semanas. Por eso resulta tan impactante que no lo haya hecho.

En su álbum debut Harry Styles, que salió hace unos días, Styles no apuntó a llenar estadios en una próxima gira. Al contrario; su debut de 40 minutos de duración es un manifiesto de individualidad, una declaración de que Harry Styles ya no es un miembro de One Direction. No quiere ser el Justin Timberlake de esa banda. Quiere ser su John Lennon, que es una ambición congruente con que son el producto de exportación cultural más grande que el Reino Unido ha tenido desde The Beatles.

One Direction fue un monstruo del pop. La banda de cinco jóvenes reunidos por el ojo entrenado de Simon Cowell en The X Factor se fue por las nubes. Vendieron un número ridículo de discos, hicieron giras internacionales y se convirtieron en la boy band más popular del momento. Es difícil creer que lograron hacer todo lo anterior en tan solo cinco años, y después todo comenzó a desmoronarse. En marzo de 2014, Zayn Malik dejó la banda y fue el primero en comenzar una carrera como solista, que es el camino inevitable para cualquier miembro de una boy band. En otoño de ese mismo año, la banda, que ahora sólo tenía cuatro integrantes, sacó otro disco, pero su grupo había comenzado a fracturarse.

Fue muy obvio, además, que aunque Zayn fue el primero en empezar, Harry Styles era el hombre a vencer. En diciembre de 2015, la banda apareció en el programa The Late Late Show con James Corden. Como parte del programa, Corden hizo que la banda jugara un juego llamado Ruleta de Tatuajes, donde todos escogían una caja al azar y quien obtuviera la caja traicionera tendría que hacerse un tatuaje al aire, en vivo. La parte cómica vino del güerito Niall Horan, quien no tenía ningún tatuaje y estuvo aterrorizado durante todo el sketch. Pero la estrella, indudablemente, fue Harry Styles, echando su larga cabellera hacia el otro lado de su cabeza, riendo pero tranquilo. Él acabó perdiendo el juego, obviamente; elegir a otro miembro de la banda hubiera significado perderse del mejor momento televisivo que la situación ofrecía. Styles estuvo relajado aún cuando empezó a sonar el motor de la máquina de tatuajes y mientras preparaban su piel para el procedimiento. Reía con Corden, siendo un buen perdedor, sólo encogiéndose un poco mientras la aguja perforaba su piel, dejándole marcadas las palabras “Late Late” en la piel para siempre. Era, para resumirlo en una palabra, intocable.

Tattoo Roulette w/ One Direction

Lo que quedó claro en ese sketch es qué tan en control de sí mismo estaba Styles, cómo no sólo lograba asumir un aire de coolness y calma sino que lograba proyectarlo a pesar de estar sufriendo dolor en pantalla. No nos extraña que su debut sea tan seguro, tan confiado que irradia aplomo en cada canción. Aún cuando ha insistido en que comenzó ese proyecto sin tener ningún plan definido, Harry Styles es uno de los álbumes más consistentes y vulnerables que se han producido este año. A diferencia de las canciones que escribió para One Direction, como “Steal My Girl”, “Where Do Broken Hearts Go?”, “Story of My Life”, “What Makes You Beautiful” y “Perfect”, este álbum está libre de trucos que se ven todo el tiempo en canciones de Top 40. No hay EDM, hay muy poco auto-tune y no hay ganchos musicales. Lo que resulta pegadizo a lo largo del disco es el propio Styles.

Desde los primeros acordes del álbum en “Meet Me In the Hallway” hasta los momentos de cierre de “From the Dining Table”, Harry Styles es un viaje al pasado, reconfortante y escasamente decorado. Este álbum, que es parte folk, parte country y parte rock clásico, es ambicioso en su delicadeza. Quedó claro, desde la primera canción que se dio a conocer, “Sign of the Times,” que Styles no estaba tratando de cumplir con las expectativas que la gente podía tener sobre él. Con casi seis minutos de duración, “Sign of the Times” es casi el doble de larga que el promedio de las canciones pop y tiene muchísimos más espacios abiertos. Está construída de básicos cuidadosamente atados y tiene un rugido como de olas estrellándose que nunca suena sobreproducido.

Cada una de las canciones que incluye Harry Styles está construida de los mismos elementos: una guitarra, algunos elementos atmosféricos que probablemente llegaron ahí cortesía de Jeff Bhasker (que produjo Red de Taylor Swift, Born to Die de Lana del Rey y 808s & Heartbreak de Kanye West, entre otros), un piano suave y la voz de Styles. Él es el gancho que le da coherencia a su trabajo, desde el puente de “Sign of the Times” a sus cantos estilo Jagger en “Only Angel”. Para la tercera canción, la folkesca “Carolina”, el álbum muestra que todas las canciones encajan perfectamente unas con otras, con el tipo de rango que sólo puede venir de un amor profundo por la música y curado por un mismo oído exigente. Aquí puedes escuchar las referencias a Gerry Rafferty de los Steelers Wheel, y los guiños de percusiones a los primeros trabajos de Beck.

Queen y Bowie son los santos patronos de Harry Styles. Aún cuando Bhasker ha dicho que no hicieron referencia a estos artistas conscientemente, el espíritu de esas influencias aparece vívidamente a lo largo del álbum. Sin embargo, parece que Styles está más cercano en corazón y espíritu al rock más tranquilo de los setenta en “Only Angel”, inspirada en Led Zeppelin. Aquí hay elementos de Fleetwood Mac, Badfinger e incluso de Elton John. Styles siempre ha amado el soft-rock. Lo incorporó en “Olivia” y “Stockholm Syndrome” de One Direction, pero hacerlo a lo largo de todo un álbum es marcarse así mismo, declararse no una estrella pop sino una estrella de rock.

Mientras el álbum se desenvuelve ante ti, las canciones, que se mantienen cerca del margen de los 4 minutos de duración, se toman su tiempo en construir emociones. La balada “Two Ghosts”, que tiene frases como “we’re just two ghosts standing in the place of you and me/trying to remember how it feels to have a heartbeat” (“sólo somos dos fantasmas en vez de ser tú y yo/tratando de recordar qué se siente que tu corazón lata”) contiene toda la vulnerabilidad de una canción de rompimiento escondida entre letras que imitan a Pink Floyd.

Harry Styles ya era adorado antes de que saliera este álbum. Pero ahora está muy claro que este amor era superficial. No podíamos amar al verdadero Harry Styles porque no conocíamos al verdadero Harry Styles. Esa persona brilla a lo largo de este disco en momentos de verdadera vulnerabilidad. En la última canción del álbum, “From the Dining Table”, Styles canta suavemente “played with myself, where were you / Fell back to sleep, I got drunk by noon / I’ve never felt less cool” (“jugué conmigo mismo, dónde estabas / Me volví a dormir, me emborraché al mediodía / Nunca me sentí menos cool”). Antes hubiera sido imposible pensar en Harry Styles, una superestrella de 23 años de edad cubierto de tatuajes, como alguien que no fuera increíblemente cool. Esta vulnerabilidad es la que hace que Harry Styles sea impresionante. En vez de tratar de mantener su halo de intocabilidad, de ir por la ostentación y el glamour y la sobre-producción, Styles trata de mostrarle al escucha quien realmente es: un hombre vulnerable, suave e increíblemente talentoso.

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