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Después de ocho años de ausencia, ayer (21 de febrero) fue anunciado el regreso de Helen Folasade Adu, mejor conocida como Sade Adu o simplemente Sade. La cantante grabó la canción “Flower Of The Universe” para la banda sonora de A Wrinkle in Time, cinta dirigida por la estadounidense Ava DuVernay.

La directora de la cinta publicó en su cuenta de Twitter: "Nunca pensé que diría que sí, pero pregunté de todos modos. Ella fue amable y generosa. Una diosa. Comenzamos un viaje juntos que nunca olvidaré. Orgullosa de anunciar que Sade ha creado una canción original para WRINKLE IN TIME. Se titula "Flower of the Universe". Y es un sueño hecho realidad".

El último trabajo de la cantante nigeriana-británica y su banda homónima fue el álbum Soldier Of Love, lanzado en 2010.

Sade es una de las cantantes más exitosas de los años ochenta. En cuanto a números, Diamond Life, álbum con el que comenzó su carrera en 1984, vendió más de seis millones de copias en la década y con ello se convirtió en el álbum debut mejor vendido de la historia de una artista femenina británica. En total, la cantautora ha vendido más de 50 millones de álbumes.

Sade se convirtió en un hito de la música popular que influyó a diversos estilos musicales; desde la música electrónica hasta el R&B, el soul, el jazz y el pop actual.

Promise (1985), Stronger Than Pride (1988), Love Deluxe (1992) y Lovers Rock (2000) son discos que han trascendido el tiempo como obras que abrieron el camino para la camada de artistas new wave/R&B: Simply Red, Soul II Soul, Lisa Stansfield y Jamiroquai.

Sade Adu creció escuchando a leyendas del soul como Curtis Mayfield, Donny Hathaway y Marvin Gaye y fue a partir de la desmembración de un grupo de latin funk llamado Pride que nació la agrupación con la que se convertiría en un icono.

Mucho del éxito que han obtenido tanto ella como el grupo se debe a las raíces de su musicalidad. La agrupación y la cantante nacieron en la cuna del jazz londinense, donde se alimentaron de la influencia instrumental de ciertos sonidos por los cuales son hasta la fecha conocidos: solos de saxofón, armonías soul y letras que retratan desde la sensualidad y el romanticismo hasta la sobriedad y la madurez emocional.

Su influencia no sólo le dio vida a artistas de su generación. Sade ha penetrado en las venas de sonidos de distintas zonas geográficas y estilos. Desde la cultura club nacida en los lazos musicales que unieron a Londres, Bristol y Manchester, pasando por el trip hop de Massive Attack y Tricky, hasta la experimentación de Björk.

Sade también moldeó al soul moderno. The Soulquarians, colectivo formado principalmente por Questlove y D’Angelo en los noventa, tiene parte de la herencia que dejó la compositora británica. Ella misma sabe que su música es atemporal. "Nunca he pensado que fuimos una banda de nuestra época, más bien fuimos algo fuera de nuestro tiempo”, le dijo la cantante a The Fader en el 2000.

De acuerdo con el periodista Josh Baines de Noisey, el proyecto Sade (no sólo Adu) ha merodeado “dentro y fuera” de la conciencia colectiva sin caer en los vicios de la retromanía -verbo acuñado por el escritor Simon Reynolds que se refiere a la adicción por el pasado-; Adu es un símbolo musical que permanece. Y sí, parece que Sade no pertenece a ninguna época, por lo que su regreso inspira un momento fundamental en el que la música de origen afro se coloca en la cima.

“Sade es un diamante brillante en un mar de mediocridad inquebrantable. Bretaña es sombrío, opaco, lúgubre”, determina Baines romanticamente sobre la reina del soul.

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