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Con la reciente exposición de acosadores y abusadores sexuales en el mundo de la cultura popular, el discurso de obras de arte, películas y canciones se se ha sometido a una reflexión profunda en la que se puede observar un patrón constante de machismo y normalización de conductas abusivas, que refleja cómo siempre han estado presentes en la sociedad.

Algunos periodistas han puesto en tela de juicio estas obras en sus artículos, cuestionando algunas canciones en las que varios hombres se victimizan sobre sus actos, tratan con desprecio el rechazo de mujeres e incluso justifican el maltrato.

En un artículo reciente publicado por The Atlantic, la periodista Julie Beck analiza el comportamiento de personajes de las películas favoritas de la adolescencia como Twilight, Say Anything o Love Actually, en las que las mujeres son acosadas de forma constante y todo gira en torno a lo que quiere el hombre.

En cuanto a la música, Beck menciona que la mayoría de la música emo y algunos temas de la escena indie de los dos mil tienden a ser una especie de victimización. Como ejemplos, coloca canciones como “Change Your Mind” de The Killers, donde Brandon Flowers recita “si la respuesta es no, ¿podría cambiar tu forma de pensar?”. También cita el caso de la canción “7 Minutes in Heaven” de Fall Out Boy, que menciona en la letra: “Trato de decirme que no soy un tipo desesperado, pero me tienes cegado”.

Según la periodista, el emo es un género “que contiene una potente dosis de romance y violencia”. El narrador de los temas, además de describir sus sentimientos de angustia y depresión, se convierte en un acosador. Alguien que presiona hasta el límite. Además, es evidente que la mayoría del género está dominado por hombres. Otra canción que prueba su hipótesis es “Work” de Jimmy Eat World, en la que el vocalista le insiste a su musa, “si tan sólo una vez me dejaras, sólo una vez (estar con ella)”.

La canción “As Lovers Go” de Dashboard Confessional tiene una de las frases más populares de la cultura norteamericana que hacen referencia al acoso: “Don’t complicate it by hesitating”, o bien “no lo compliques dudándolo”, como si la decisión de estar con alguien se tratara de una cuestión de tiempo. Este tipo de frases se pueden encontrar en diversas canciones, en específico, en el rock de los años sesenta y en el glam. Bandas como Kiss han objetivado a la mujer en su discurso desde el principio de su carrera.

En México

En la cultura popular mexicana existen algunos ejemplos clave para entender esta situación. Desde la época de oro de José Alfredo Jiménez hasta “La Ingrata” de Café Tacvba, el discurso del acoso es constante en los sonidos de este país.

Precisamente, José Alfredo Jiménez fue analizado por la canción “La Media Vuelta”, en la que a través de una narrativa que cuenta el final de una relación amorosa, él permite dejar ir a una mujer concluyendo que “él es dueño” de ella. Según la escritora Sandra Barba a través del periódico El País, José Alfredo en este tema “es el prototipo del macho mexicano, aunque sufrido por desamor, se pone como protagonista de las relaciones amorosas. Él quien le concede la libertad para descubrir el mundo. Curiosamente quedan fuera la experiencia y los motivos que llevaron a esa "mala mujer" a dejarlo. Parece, por ejemplo, que no lo deja porque está harta del quehacer del trabajo, aguantar la infidelidad, sino porque "hay otro hombre".

Con un argumento filosófico y controversial, Sandra Barba cuestiona a Vicente y Alejandro Fernández por la canción “Mátalas”. Aunque es una metáfora que se relaciona con una muerte de cariño, la posibilidad sobre un asesinato yace muy por encima de la temática de la canción: “‘No hay golpe más mortal para los hombres que el llanto y el desprecio de esos seres’, que son las mujeres, solo recordé la frase que se le atribuye a Margaret Atwood: ‘Los hombres temen que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres temen que los hombres las maten’”, declara la escritora.

El género grupero y el reggaetón

En 2016, la BBC publicó un artículo en el que informó cómo algunos miembros de organizaciones civiles denunciaron acusaron a los cantantes Gerardo Ortiz y Julión Álvarez de promover la violencia y el acoso en videos y canciones.

Con el auge del narcotráfico en México y la subcultura que emergió a partir de este, diversos exponentes del género grupero han encontrado su nicho en este tipo de audiencia, que evidencia la existencia y el orgullo de la permanencia del machismo, el acoso y el abuso sexual.

El argumento detrás de canciones como “Fuiste Mía” de Gerardo Ortiz, es mostrar a la mujer como una “ama de casa”, “que sean damitas” y “que sepan agarrar un trapeador”. Además en videos musicales de este tipo puede observarse como el protagonista (hombre) quema viva a su pareja, por lo que refuerza una parte lamentable de la ideología mexicana en la que el que un hombre mate a una mujer sea totalmente común.

En el caso del reggaetón, desde hace un par de años, diversas organizaciones también se pusieron en contra del género y en específico de artistas como Maluma, quien a través de canciones como “Cuatro Babys” ha causado polémica debido a sus letras. “Tanto la letra como las imágenes hacen apología de la violencia directa hacia las mujeres, las cuales son descritas como meros cuerpos sin valor, intercambiables y absolutamente disponibles al servicio del deseo sexual ilimitado de sus autores”, mencionó una mujer madrileña en la descripción de la petición que hizo en Change.org para que se retirara la canción y el videoclip del cantante colombiano.

El discurso original principal de estas canciones podría ser en realidad una historia de acoso y no una historia de amor. Nadie tiene la obligación de hacer algo por la fuerza o ser victima de una persona que insiste en tener una relación amorosa o sexual o regresar de un pleito con amenazas. El mito del romántico empedernido podría romperse con el tiempo si uno reflexiona sobre estas obras en la música, que al final resultan un reflejo de lo que vive o vivió la sociedad.

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