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Fotos: Philip Anschutz, Forbes / Coachella, The Luxonomist.

Coachella es uno de los festivales más populares de Estados Unidos. Desde que comenzó en 1993 ha reunido a lo mejor de la música contando con artistas consolidados de todos los géneros. Pearl Jam, The Chemical Brothers, Morrissey, Massive Attack, Radiohead, The Cure, Arcade Fire, Pixies, New Order, Coldplay, Tool, Prince, Eminem y Kendrick Lamar, entre otros, se han hecho presentes en el evento que reúne a más de 100 mil asistentes cada año.

Además, Coachella es un espacio donde bandas más pequeñas se presentan ante un público que tal vez desconoce su proyecto y así obtienen más audiencia. El año pasado, por mencionar algunos ejemplos, Coachella tuvo en su alineación a agrupaciones como Chicano Batman y Los Blenders; la primera es una banda chicana que tuvo éxito en México al llenar el Lunario del Auditorio Nacional y la segunda es una banda de punk originaria de Tijuana que ha llamado la atención de la crítica del país del norte.

En la edición de 2017, la suma de asistentes superó los 125 mil y la derrama económica que deja a California (estado donde se realiza) es de aproximadamente 704 millones de dólares, de acuerdo con el diario Los Angeles Times.

A pesar de las virtudes que tiene el festival, Philip Anschutz -uno de sus dueños- ha sido cuestionado recientemente por el uso de sus recursos y la falta de congruencia entre los artistas que presenta en su cartel. Esto contrasta con las donaciones millonarias que ha dado a organizaciones que promueven, entre otras cosas, la discriminación, niegan el cambio climático y están en contra de los sindicatos de los trabajadores.

El 31 de enero, el sitio de entretenimiento Pitchfork publicó una nota en la que asociación civil Freedom For All Americans -que lucha en contra de la discriminación de género y racial- informó que entre 2010 y 2013, Anschutz donó más de 190 mil dólares a grupos anti-gay.

De acuerdo con el sitio y según información de otros sitios de música como Consequence Of Sound, la fundación Anschutz donó 40 mil dólares a The Navigators, una compañía que en su página web cita como una “ruptura sexual” ser parte de la comunidad LGBT y lo coloca junto al abuso sexual y el incesto.

En 2016, la organización Dare 2 Share Ministries, que describe a la homosexualidad como una “perversión satánica” recibió 50 mil dólares de la misma fundación. Por otra parte, el Centro para la Educación y Renovación Urbana que ha dicho abiertamente que “el matrimonio gay” es una prueba de que estamos “enfermos como país” también recibió 25 mil dólares.

A pesar de la confirmación de los datos, en aquel momento Anschutz compartió un comunicado en el que negaba las acusaciones en su contra y mencionó que su fundación había cesado de donar a tales organizaciones: “Hace un año dijimos que inequívocamente apoyamos los derechos de las personas sin ninguna excepción debido a su orientación sexual. Nos mantenemos con esas palabras y reafirmamos nuestro compromiso dando a conocer que la fundación Anschutz no ha donado a ninguna organización que apoye causas anti-LGBT”.

Sin embargo, un informe de impuestos de la fundación publicado por Pitchfork en enero, confirmó las donaciones antes descritas. Gracias a ello, en redes sociales miles de usuarios comenzaron a usar el hashtag #BoycottCoachella en el cual manifestaron su molestia por la situación. El documento arroja que 63.7 millones de dólares han sido donados a estas organizaciones hasta el momento.

De acuerdo con información de Forbes, Philip Anschutz, de 78 años, ha construido su fortuna a lo largo de cinco décadas gracias a sus inversiones en petróleo, telecomunicaciones y entretenimiento. Es dueño de los NHL's Kings y socio de los Lakers, además de ser uno de los propietarios del Staples Center, recinto donde se juegan partidos de todo tipo y se realizan conciertos. En la lista de los billonarios en el mundo ocupa el puesto número 96.

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