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Aleks Syntek en conferencia de prensa para promover su álbum "Romantico Desliz". (AP Photo/Sean Havey, File)

Ayer, sentado en mi butaca previo al estreno de la nueva película de Marvel Studios, Black Panther, decidí abrir mi aplicación de Twitter en el celular para leer alguna crítica de la cinta. Lo que encontré fue una discusión albergada en uno de los populares hilos, esos tuits que cuentan una historia o albergan un debate en cientos de caracteres.

Aleks Syntek, cantautor famoso en los años noventa por temas como “Sexo, Pudor y Lágrimas”, escribió una serie de comentarios que se suman a la lista de actitudes homofóbicas, clasistas, machistas y retrógradas en la escena musical mexicana. Recordemos que otro Alex, el vehemente adorador de la Virgen de Guadalupe, Lora, corrió hace un par de semanas a unas personas de su concierto porque según él “no les gustaba el rocanrol” y les llamó “señoritas” y a sus acciones “puterías”.

Syntek, por su parte, declaró que la música de ahora “es de delincuentes” en un tuit donde responde a un usuario que hizo una encuesta para saber qué artista es mejor para escuchar en la oficina.

Ante la respuesta, otros usuarios contestaron insultando al cantante y otros de manera sencilla comentaron, “cada quien sus gustos”.

Cuando concluyó la película, abrí de nuevo la aplicación y casi por inercia seguí leyendo. Me encontré con reacciones de Syntek ligadas a una intolerancia absoluta. Frases como “parecen nenas, ni para chingar son inteligentes”, “trolleame como hombre” y “ay neta eso es bullying marica” contrastaron con lo que acababa de presenciar en la pantalla grande: el primer superhéroe afroamericano de los cómics llevado al cine con un argumento que invita a la reflexión sobre cómo la sociedad ha tratado a la comunidad de color a lo largo de la historia. La intolerancia y la soberbia del colonialismo sobre los negros, que han construido gran parte de la cultura.

El alcance del discurso es mayúsculo. Infantes, adolescentes y ancianos estarán expuestos al mensaje de inclusión que tiene esa cinta, que además de todo fue en su totalidad creada por personas de color.

Cuando decidí escribir este texto, pensaba que las figuras públicas tanto de México como del mundo no se han tomado la molestia de hacer un ejercicio básico de reflexión.

La homofobia, el racismo, el clasismo, el machismo, la xenofobia y el maltrato no deberían existir más. En 2018 y con la existencia de hombres como Donald Trump, quien no necesita descripción; El Bronco, que objetiva a su propia madre cual película de cine de ficheras diciendo que “sigue bien buenota”; y el precandidato del PRI a la gubernatura de la CDMX, Mikel Arriola, quien recientemente se declaró en contra de la adopción por parte de parejas homosexuales y en favor de la familia, no necesitamos que los artistas sigan emitiendo este tipo de opiniones.

Esta mañana al consultar de nuevo la red social me encontré con respuestas más del entrañable Syntek. Le llamo entrañable por cortesía y ternura. Es un adulto al que no le basta ofender sino también replegar su despropósito a todos y cada uno de los que respondieron a su actitud. Por si fuera poco escribió “ayer me divertí mucho con los comentarios, espero ustedes también”, en una especie de lengüeteo salvavidas.

Un colega escribió en la red que tal vez estaba borracho. Peor aún, “los niños y los borrachos siempre dicen la verdad”. Y es que ese es el problema. Desde conversaciones familiares hasta discursos presidenciales existe la imposibilidad de pensar la vida como algo diverso y como algo respetable. “Ahora ya nadie puede decir lo que piensa” dijo un tío en una reunión como queriendo esconder su machismo. “Las redes sociales a veces son muy duras”, dice el mandatario mexicano.

En uno de sus tuits, Syntek señala que lo único que le quieren hacer es “nota roja”. No, Aleks, esto no es una nota del color de la sangre que se ha derramado por la intolerancia a lo largo del tiempo, tampoco es un bullying a las figuras públicas, ni tampoco es una analogía psicoanalítica de “matar al padre” en un escenario simbólico, como decía Freud sobre las tribus y sus líderes.

Esto es un llamado al entendimiento. A la reflexión. A sentarse a pensar cuánto se ha perdido por no cambiar la forma en como pensamos, vivimos y decimos. Es un apoyo de mi parte para que abras los libros de historia y de la música, de la que por cierto también te jactas de “ser un conocedor”. Ahí está Freddie Mercury y John Lennon, dos que insultas con tu actitud banal y que en su discurso musical podrían darte unas clases sobre música y cómo vivir. Ahí está también Miles Davis y John Coltrane -iconos del jazz, género que mencionas es ‘“música de verdad”- incluyendo los sonidos del mundo en sus estilos. Sumando, no restando.

Ahí está J Balvin, representante del género que llamas de "delincuentes" quien ha dicho que “ir al psiquiatra” o a quien tú consideres mejor, deje de verse como “algo para locos”, una declaración reflexiva que podría apoyarte.

Esta es una invitación para que gente como tú y yo, nos sentemos a pensar mejor como pensamos.

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